«Lo que no pude ver bajo la venda que tapaba mis ojos»
El arte puede ser una forma de narrar lo que la historia quiso silenciar. Con esa premisa, la artista Marta Cuesta presenta la muestra “Lo que no pude ver bajo la venda que tapaba mis ojos”, una exposición que invita a recorrer la memoria del exilio a través de bordados, imágenes, sombras y relatos visuales.
La muestra puede visitarse en el Museo de Antropología de la Universidad Nacional de Córdoba, con entrada libre y gratuita, y propone un recorrido sensible donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan para reflexionar sobre la memoria, el exilio y la sobrevivencia.
“Es una exposición visual en la que se complementan diferentes artes: el bordado, el video, juegos de sombras como si fuera animación y piedras encapsuladas en bordados”, explica Cuesta. “Se trata de un relato desde lo subjetivo que contempla lo colectivo del exilio: cuándo empieza, dónde ancla, cómo una historia intenta desaparecer pero también cómo sobrevivimos”.



Bordar para contar
El corazón de la muestra está en el bordado como lenguaje narrativo. Para Cuesta, cada puntada funciona como una forma de escritura.

“En un momento entendí que bordando contaba. Mis bordados en realidad no los defino como bordado: los defino como narraciones”, afirma.
La técnica surge también de una experiencia personal. Después de años trabajando con escultura, la artista encontró en el hilo y la tela una forma de continuar creando y escribiendo.


“Extrañaba mucho escribir cuando me jubilé. Empecé con relatos y cuentos y los llamaba ‘bordando con palabras’. De repente el bordado se convirtió en una forma de narrar”.
El mar, la espuma y la memoria del exilio
Uno de los ejes simbólicos de la muestra nace de un recuerdo del viaje al exilio.
“Cuando nos fuimos en barco, cada atardecer mirábamos la espuma del mar que se formaba con las olas”, recuerda la artista. “En mi memoria la espuma fue la que nos acompañó y depositó nuestros testimonios al otro lado del Atlántico”.
Esa imagen se transforma en una metáfora política y poética.
“El mar y la espuma son testigos de las migraciones por diferentes causas”, señala Cuesta, y en sus bordados esa espuma se convierte en puntada, en movimiento y en relato.
El recorrido de la exposición culmina con otra imagen potente: el arcoíris.
“Cuando llegamos al país donde viví, era invierno y había mucha nieve. En el horizonte apareció un arcoíris. Para mí fue un símbolo muy especial de la memoria: una memoria con muchas dimensiones, con dolor, alegría y vida”.
Una instalación para habitar la memoria
La muestra también incluye una instalación creada junto a su hijo, el artista Lucas Cuesta Peña, basada en un juego de sombras.
En ella, el público se convierte en parte de la obra.
“Las personas que visitan la instalación generan sombras y participan de ese juego. Dejan en ese destino su propia vivencia momentánea”, explica la artista.
La instalación presenta dos círculos que giran en direcciones opuestas: uno representa su propia historia de vida; el otro evoca múltiples trayectorias colectivas, entre ellas la memoria de los desaparecidos y las migraciones forzadas.
“Son los círculos de la vida. Diferentes vidas que se cruzan y se buscan”.
Arte, memoria y presente
La muestra dialoga con el Mes de la Memoria y con los procesos colectivos de reflexión sobre la violencia de Estado.
“Es importante continuar con el trabajo de la memoria”, afirma Cuesta. “El Nunca Más es al mismo tiempo un punto final y un punto de partida”.


En ese sentido, la exposición propone mirar el pasado desde el presente, con un lenguaje sensible que transforma la experiencia traumática en gesto artístico y en memoria compartida.
“El Nunca Más es al mismo tiempo un punto final y un punto de partida”.
“Somos parte de un colectivo que atravesó un proceso represivo de violencia de Estado”, concluye la artista. “Hay desaparecidos, pero también hay sobrevivientes. Y la memoria es una forma de seguir contando”.
